Published on octubre 22, 2015 by aljarafewebtv

En el norte del Aljarafe, muy cerca de Sevilla, cualquier cerro puede contener en su interior todo un monumento prehistórico.

Estas lomas suaves se veían en la Edad del Cobre como potenciales túmulos funerarios, perfectos para construir en ellos el máximo exponente arquitectónico del megalitismo: los dólmenes
Valencina es un enclave excepcional en el sur de la península, tanto por su extensión como por la monumentalidad de algunas estructuras funerarias, como los dólmenes de Ontiveros, de Matarrubilla, Montelirios o el presente de la Pastora.

Si bien son sólo algunos de los elementos resaltables, en un ámbito donde se han investigado también cabañas, fosos y otras estructuras del primitivo poblado.

El mayor de estos dólmenes es el de la Pastora: tras la estructura de hormigón que se colocó para protegerlo en los años 70, esconde casi 50 metros de corredor con paredes de arenisca y pizarra, en sillares de pequeño tamaño.

La cubierta está hecha con enormes losas de granito y arenisca, igual que el enlosado.

El corredor, por el que hay que pasar agachado, está dividido por tres puertas compuestas de dos jambas y un dintel macizo.

Tras cruzarlas, desembocamos en la cámara circular. Se trata de una falsa cúpula hecha por aproximación de hiladas de pizarra, calzadas con sillares en la parte superior, que sostienen una losa de granito de más de dos metros de diámetro.

Al fondo de la cámara, este pequeño hueco se ha identificado con una hornacina sobre la que se colocaría algún objeto del ritual.

De vuelta al corredor, unas pequeñas oquedades en el suelo nos han llamado la atención: se cree que pudieron formar parte de algún rito. Se repiten en otras partes del dolmen, y los arqueólogos las llaman “cazoletas”.

Desde el propio descubrimiento de la Pastora, a finales del siglo XIX, ya se planteó una funcionalidad exclusivamente funeraria para estas construcciones megalíticas, que se concentran al este de la actual localidad de Valencina, estando rodeadas de otras construcciones menores que cobijaban enterramientos múltiples, como en el caso del Roquetito.

Si el dolmen de la Pastora se descubrió casualmente en 1860, no sería hasta 1917 cuando se hallara su hermano menor: el dolmen de Matarrubilla.

Su corredor es algo más corto, unos 32 metros, y el suelo está hecho de tierra apelmazada.

En la cámara destaca una enorme pileta o altar de piedra rebajado en la parte superior, que lo pone en relación con otros dólmenes, como el de Soto, en la localidad onubense de Trigueros.

Tanto el corredor como la cámara están construidos en una mampostería de excelente calidad, con hiladas regulares que se acercan en la falsa cúpula.

En Valencina, los investigadores siguen indagando sobre el funcionamiento del dolmen.

En Matarrubilla sí hemos podido reconstruir de forma aproximada el uso del dolmen.

De manera que los individuos se distribuían tanto por el corredor como por la cámara, con los cadáveres en posición fetal y rodeados de su correspondiente ajuar.

En los años ‘50 también se documentó la existencia de tres postes de madera, ya que se conservaban los huecos en el suelo de arcilla.

Algunos de los objetos rescatados en las excavaciones de Valencina se encuentran en la propia Casa de la Cultura, donde se cita a los visitantes que quieran conocer los dólmenes.

A través de la maqueta del yacimiento podemos hacernos una idea del modo de vida de estos pobladores de hace casi 4000 años: ganaderos, agricultores y cazadores, que daban más importancia a la arquitectura de la muerte, que a la de la vida.

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